¿Puedo denunciar si no tengo pruebas?


«Es mi palabra contra la suya.» ¿De verdad no puedo hacer nada?

Si estás leyendo esto, probablemente llevas un tiempo dando vueltas a lo mismo.

Sabes lo que te ha hecho. Lo has vivido. Tienes muy claro lo que ha pasado dentro de esas cuatro paredes. Pero cuando piensas en denunciar, aparece siempre la misma duda: ¿quién me va a creer a mí si no tengo pruebas? ¿Si no hay testigos? ¿Si lo único que tengo es mi palabra?

Y esa duda, muchas veces, paraliza. Hace que mujeres que han sufrido violencia de género, violencia doméstica o acoso durante meses o años decidan no hacer nada. Porque sienten que no tiene sentido. Que no van a ganar.

Quiero decirte algo importante: eso no es verdad.


La violencia que nadie ve

Hay algo que caracteriza a casi todos los casos de violencia de género, violencia doméstica y acoso: ocurren en la intimidad. En casa. En el coche. En una conversación privada. En mensajes que luego se borran. En gestos que solo tú ves.

El agresor lo sabe. Y muchas veces lo hace precisamente así, de puertas adentro, porque sabe que no hay cámaras. Que no hay nadie mirando. Que después podrá decir que nada de eso ocurrió.

Eso no significa que tengas que callarte. Significa que tu caso es exactamente el tipo de caso para el que la ley y la jurisprudencia llevan años construyendo herramientas de protección.


Lo que dice el Tribunal Supremo — en palabras normales

El Tribunal Supremo ha establecido de forma clara y reiterada que tu declaración, por sí sola, puede ser prueba suficiente para condenar a tu agresor. No necesitas un video. No necesitas testigos presenciales. No necesitas más prueba que tú misma.

Así lo recoge la Sentencia del Tribunal Supremo n.º 172/2022, de 24 de febrero: la declaración de la víctima puede desvirtuar la presunción de inocencia del acusado. Y lo dice precisamente porque el Tribunal Supremo entiende que en estos delitos — los que ocurren a puerta cerrada — exigir pruebas adicionales sería dejar a la víctima sin protección.

Pero para que tu declaración tenga ese peso, tiene que cumplir tres condiciones. Y aquí es donde entra mi trabajo.


Las tres cosas que el juez va a valorar

Primera: que no haya motivos para pensar que estás mintiendo

El tribunal va a analizar si existe alguna razón por la que podrías tener interés en inventarte lo que dices. Resentimiento, venganza, un beneficio económico… Si no hay ningún motivo espurio detrás de tu denuncia — y en la mayoría de los casos no lo hay — ese primer requisito ya está.

Segunda: que tu relato sea creíble y coherente

Tu historia tiene que encajar. Tiene que tener sentido. Y si hay elementos que la respalden — aunque sean indirectos — mejor. Un parte médico de hace meses. Un mensaje en el que él te amenaza. Una amiga a quien le contaste algo en su momento. Una baja laboral por ansiedad. Cosas que tú quizá no ves como pruebas pero que, bien presentadas, refuerzan enormemente tu declaración.

Tercera: que tu versión sea constante a lo largo del tiempo

Desde el momento en que denuncias hasta el día del juicio, tu relato tiene que ser el mismo. Sin contradicciones. Sin cambios de versión. Sin ambigüedades que la defensa del agresor pueda usar para ponerte en entredicho.


Por qué esto no puedes hacerlo sola

Aquí está la parte que más me importa explicarte.

Si tu declaración es la prueba principal de tu caso, todo — absolutamente todo — depende de cómo está construida esa declaración desde el primer momento. Desde que entras en comisaría a denunciar.

Un detalle que no encaja. Una fecha que no coincide con lo que dijiste después. Un cambio en la forma de narrar los hechos que pueda parecer una contradicción. Cualquier grieta, por pequeña que sea, la defensa del agresor la va a usar.

No porque estés mintiendo. Sino porque nadie te ha explicado antes qué es relevante contar y cómo contarlo. Porque estás sola, asustada y bajo una presión enorme. Porque nadie te ha preparado.

Con una abogada penalista especializada a tu lado desde el primer momento, eso cambia. Juntas ordenamos los hechos. Identificamos qué elementos tienes aunque no lo sepas. Preparamos tu declaración para que sea sólida, consistente y creíble de principio a fin. Y te acompañamos en cada paso del procedimiento para que nunca estés sola frente a lo que viene.


Si estás dudando si merece la pena denunciar

Merece la pena.

No tener pruebas no significa no tener caso. Significa que necesitas que alguien te ayude a construirlo bien. Y eso es exactamente lo que hago.

Llevo más de 20 años trabajando con mujeres en Barcelona que han pasado por lo que tú estás pasando ahora. Mujeres que llegaron a mi despacho convencidas de que no tenían nada. Y que tenían mucho más de lo que creían.

Si estás en Barcelona y estás pensando en dar el paso, llámame. Cuéntame tu situación. Sin compromiso, sin prisas. Solo para que sepas qué opciones tienes.

Tu historia merece ser escuchada. Cuéntamela y vemos juntas qué podemos hacer.

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